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Sensibilización Medioambiental

2.- La contaminación medioambiental y el deterioro de los recursos naturales.

2.1. De basura a residuo.

     La palabra basura ha significado y para mucha gente aún significa algo despectivo, algo que carece de valor y de lo que hay que deshacerse, de esta manera lo útil, que no siempre necesario, se convierte en un estorbo y es causa del problema de cómo desentendernos de lo que consumimos o producimos.

     En el medio rural nunca fue un verdadero problema, pues los residuos orgánicos seguían el ciclo de la vida sirviendo de abono o de alimento para animales, los vertidos arrojados a los ríos eran depurados por las propias aguas, el gran poder depurador de la naturaleza todavía no había sido derrotado por el ansia de poder del hombre. El hombre empezó a utilizar las materias primas de una forma desordenada, con la excusa del desarrollo el hombre que explota los recursos naturales más rápido es el que gana más beneficios, el que produce más basura es más feliz, apareciendo el consumismo y el derroche.

     En las ciudades la basura lleva siendo un problema casi desde el origen de éstas, debido a la alta densidad de población y al hecho de arrojar la basura a las calles. Esto ha producido la proliferación de insectos, roedores y microorganismos patógenos, trayendo como consecuencia enfermedades catastróficas para el hombre como la peste. Hoy en día no se concibe una gran ciudad sin un buen sistema de recogida y de tratamiento de basuras, aunque repercutan los gastos directamente en los ciudadanos. Un mal sistema de gestión de las basuras, producirá un deterioro y depreciación del entorno debido a la contaminación del aire, del agua y del suelo.

     Observando esto se vio que el hombre no podía desentenderse tan fácilmente de las basuras que originaba y ya que no eran un conjunto de cosas inútiles, sino que de ellas se podían extraer materias primas, reutilizables, se empezó a utilizar el termino residuo.

     En España la ley de residuos del 98 define que residuo es cualquier sustancia u objeto perteneciente a cualquier categoría que figure en el anexo de esta ley, la cual el poseedor se desprenda, tenga intención u obligación de desprenderse. De esta manera se incluye en la ley la responsabilidad que conlleva generar residuos.

     La producción de residuos de lo últimos años en España ha ido en aumento, pasando de 10.567.700 toneladas en el año 1986, lo que equivaldría a 272 Kg./habitante/año, a 17.175.000 toneladas de residuo en 1999 lo que equivale a 438 kg./hab/año. Sólo la Comunidad de Madrid produce 1.460.000 toneladas al año. Sí pusiésemos los residuos en una capa de 20 cm. ocuparíamos todo el termino municipal de Madrid en tan sólo 5 años.

     Centrémonos en los denominados R.S.U., residuos sólidos urbanos, que aunque solo formen el 4,06 % de todos los residuos generados en España son los que mayor dificultad tienen en su tratamiento, debido a la heterogeneidad de los mismos, y por ser generados en los domicilios particulares produciendo un mayor riesgo para la población urbana de la ciudad.

     Los diferentes tratamientos de los R.S.U. los podemos clasificar en técnicas de eliminación o en técnicas de valorización, es decir, en la desaparición de los residuos o en conseguir un segundo uso de los mismos. Así tendremos en el primero a los vertederos, sanitariamente controlados y depósitos de seguridad, y a las incineradoras, ya sean con o sin aprovechamiento de energía. Como técnicas de aprovechamiento las tenemos por procesos químicos, bioquímicos, compostaje, reciclado y recuperación de materiales.

     La escasez de materias primas así como la protección al medio ambiente son razones para inclinarse por el reciclado, sin embargo de toda técnica de aprovechamiento siempre va quedar algo que no se va poder reciclar, una parte que deberá ser tratada con una técnica de eliminación. También es cierto que las técnicas de aprovechamiento siempre son más costosas ya que requieren de una tecnología más sofisticada y de mayores instalaciones y que la cantidad de basura que se genera es tal que no da tiempo a reciclarla sin evitar que se acumule.

     Sin embargo las técnicas de eliminación ya sea por vertido o por incineración siempre conllevan una contaminación al medio ambiente, que si bien es verdad que el riesgo de contaminación se puede bajar si se realiza de una forma adecuada, este riesgo siempre va a estar presente y su disminución encarecerá el tratamiento por lo que a veces deja de ser rentable.

     Las técnicas deben ser mixtas ya que unas complementan a las otras, sin embargo hoy por hoy la eliminación produce un mayor beneficio para las empresas dedicadas al tratamiento de los R.S.U. que el aprovechamiento. Ya que el beneficio de un vertedero es más a corto plazo que el de por ejemplo una planta recicladora, además que requieren mucha menos inversión inicial Es por esto que siempre ha de inclinarse uno por el reciclado de su propia basura, ya que de esta manera las empresas dedicadas al tratamiento de residuos obedecerán a los deseos de sus clientes.

     La recogida selectiva, es decir, la separación de los residuos en origen, debe ser promovida por los distintos pueblos, en beneficio del medio ambiente, convirtiéndose en una costumbre el reciclar, de esta manera dejaremos de ser esclavos de nuestra propia basura y podremos no sólo desentendernos de la basura que producimos sino saber que aquello que hemos consumido nos producirá el menor perjuicio posible.

     El reciclado, así como la recuperación de materias primas, son técnicas necesarias para llevar a cabo lo que denominamos un desarrollo sostenible, sin embargo en el caso de los residuos, como en otros tantos, los intereses de las empresas dedicadas a los tratamiento de basura se contraponen con los intereses de los defensores del medio ambiente, manteniendo a la gente en un perfecto estado de desinformación, adulándoles con la facilidad de arrojar cualquier desperdicio a la misma bolsa, sin hablarles de las consecuencias que ello genera, consiguen un día tras otro beneficiarse de su dictadura del derroche.

     “Cuando el último árbol sea talado, el ultimo río contaminado y vuestra casa un vertedero, os daréis cuenta que el dinero no se come”

2.2. La industria y la calidad medioambiental.

     En lo que está de acuerdo todo el mundo es que no se puede dibujar un horizonte razonablemente ecológico a espaldas de la industria, ya que sin su colaboración no se desarrollará la tecnología que permita satisfacer las necesidades humanas con el menor deterioro medioambiental posible. La industria cuenta con los medios para desarrollar esa tecnología y no le falta estímulo para la innovación, pero ¿cómo incentivar a la industria para que se comporte limpiamente?.

     Tradicionalmente industria y medio ambiente han sido y en ciertos aspectos siguen siendo antagonistas: los principales daños medioambientales los acarrea la industria y la industria percibe al medio ambiente como un obstáculo en sus actividades y un freno para su desarrollo y para la creación de empleo. Se han de adoptar, continuamente nuevos enfoques en la forma de hacer negocios y gestionarlos, nuevas políticas y estrategias, lo que exige tomar decisiones, coordinar acciones y dirigir actividades, todas ellas encaminadas a asegurar el futuro.

     El tiempo en el que todo lo que se producía se vendía pertenece a un pasado cada vez más lejano, y aunque las preocupaciones socioeconómicas fluctúen en función de las circunstancias, ahora la búsqueda de la competitividad pasa necesariamente por entender y no defraudar las expectativas de los clientes, de las personas y de la Sociedad en su conjunto, para los que la preservación del medio ambiente es un objetivo y un problema común.

     Algunos piensan que los recursos adicionales para proteger el entorno, son recursos que podrían emplearse para desarrollar nuevos productos, o nuevas tecnologías, o captar nuevos mercados, o simplemente “ser más competitivos”. Naturalmente, pocos se opondrían al empleo de recursos para realizar esos proyectos, pero ¿serían tan amables de no ensuciar? No inventen humos, ni ruidos, innoven pero no generen desperdicios.

     Otro argumento que se ha esgrimido con mucha frecuencia para eludir el reto medioambiental es el aumento de los costes al tener que incorporar nuevas tecnologías, menos materias tóxicas, menos residuos, recogida y tratamiento del producto y del embalaje al final de sus vidas útiles, etc. Las preguntas son inmediatas ¿quién asumirá estos costes adicionales? ¿Están los consumidores de acuerdo con el encarecimiento de los productos respetuosos con el medio ambiente? ¿Están motivados y dispuestos a correr con los gastos? Y todavía más, ¿pueden los pobres y los colectivos menos favorecidos permitirse el “lujo” de pagarlos?.

     Esta es una forma errónea de aproximarnos al futuro. El público cada vez se muestra más escrupuloso ante los problemas de salud y alimentación, y más reacio a aceptar la mugre, en parte gracias a los esfuerzos “verdes” de gobiernos, organismos y asociaciones de todo tipo orientados a aumentar la conciencia y educación del consumidor, para que exija productos limpios. Según la teoría, los consumidores impondrán la disciplina necesaria comprando productos ecológicos y por tanto apoyando el desarrollo de empresas respetuosas con el medio ambiente.

    Por ello, los que consideran el medio ambiente como un factor estratégico clave han dado en la diana. El medio ambiente se está convirtiendo en una fuente de ventajas competitivas: racionaliza el consumo de recursos naturales, impulsa el desarrollo tecnológico, mejora la imagen de la marca de la empresa y del producto, aumenta las posibilidades para introducirse en otros mercados, y casi siempre aumenta la satisfacción de sus empleados.

    Algunas empresas pioneras se han anticipado y han adoptado cambios profundos y muy importantes en su cultura medioambiental, en el modo de abordar los problemas y de buscar las soluciones. Utilizan su apuesta por el cuidado del medioambiente como un activo de la organización. Si prestamos la adecuada atención a la obra de Phil Crosby “La calidad es gratis” encontraremos que el medioambiente, al igual que la calidad, no cuesta más. Los más rezagados pueden, evidentemente, "no hacer nada". A corto plazo, esta actitud no tiene ninguna repercusión ya que no introducen ninguna modificación. Pero, ¿qué pasará a largo y medio plazo? Es evidente que si el entorno en el que opera la empresa exige que no se lesione al medio ambiente, y la empresa ignora esta exigencia, la consecuencia inmediata será la pérdida de competitividad y en algunos casos la desaparición.

    Un producto concebido bajo la directriz "de la cuna a la tumba", es decir un producto que desde su diseño, pasando por su producción, uso y disfrute y terminando su vida en un vertedero, en una planta de incineración o el un contenedor de reciclaje tenga unas repercusiones mínimas sobre el medio ambiente puede llegar a ser un producto diferenciado, atractivo para los clientes y valorado por la sociedad en general.

         Por el contrario, si la industria, o la empresa, no es honesta, los grupos de presión pueden crearle un sin fin de problemas. Una manifestación o un ataque a un producto pueden condenar a la “basura” un montón de tiempo y recursos y les estaría bien empleado. Determinadas ONG´s saben como boicotear ciertas actividades, como informar al publico, como presionar a las administraciones, como prestar ayuda y como colaborar y contribuir a la mejora del medio ambiente. No hay que perderlas de vista.

    Una adecuada gestión de las variables medioambientales, en general, economizará materias primas, energía, agua, ..., Y estas economías no sólo denotarán una conducta solidaria con la preservación del medio ambiente sino que pueden generar importantes ahorros.

2.3. Los residuos.

     El control de los residuos puede constituir otra fuente importante de ahorros en la medida en la que se minimicen, se reutilicen o se reciclen. Y en ocasiones, la minimización, la reutilización o el reciclaje es sólo cuestión de reeducación y formación dentro de la propia empresa.

     Los principios de "quién contamina paga" y “quién consume productos contaminantes también debe hacerlo” se están encargando de que cada vez sean más atractivos los procedimientos más limpios:

     Ahorro de gravámenes, tasas, cánones, impuestos medioambientales, etc.

     Ahorros en multas y sanciones

     Ahorros en primas de seguros

     Deducciones por inversiones “verdes”

     Acceso a condiciones crediticias ventajosas.

     Obtención de subvenciones y premios

Se pueden economizar cantidades importantes definiendo una adecuada estrategia de compras y los posibles ámbitos de colaboración con proveedores y clientes para cambiar especificaciones de los ingredientes, de los componentes, del proceso productivo, del producto final, su envasado y empaquetado, su transporte y de su “tumba” final.

     Atención los sectores financiero y asegurador que han elaborado la agenda para los próximos años. Sus responsables están convencidos de que su actividad tiene un efecto potencial multiplicador para prevenir o al menos minimizar los problemas medioambientales. Y están dispuestos a actuar implantando la gestión medioambiental en sus propias organizaciones (algún banco ha obtenido la certificación ISO 140001), actualizando la evaluación de riesgos financieros para la integración de las variables ambientales y potenciando la oferta de productos financieros que favorezcan el desarrollo de proyectos ecológicos, como las ecoinversiones o fondos de inversión verdes.

     En relación con el mercado laboral, las empresas limpias suelen atraer a empleados de gran calidad y suelen evitar que se marchen. Las empresas limpias suelen estar bien gestionadas y saben que cuidar la salud de los empleados y del entorno es cuidar de la salud de la propia empresa. Una empresa respetuosa con el medioambiente es una empresa con futuro y eso también lo saben los empleados.

     Estos ahorros, aunque todavía no se registran en la contabilidad general, son especialmente relevantes si se miden en términos de oportunidades; por ello, toda decisión de gestión medioambiental ha de realizarse desde una perspectiva prismática que reconsidere y redefina los costes y los beneficios. Cada vez se emplea más el concepto de eco-eficiencia como la prevención de la contaminación y la generación de residuos desde el punto de vista económico. ¿Se traducen los esfuerzos ecológicos en ahorros económicos?, ¿es justa la relación entre los recursos naturales que tomamos de la Tierra y lo que le devolvemos? No olvidemos que algunos recursos puede que sean “gratis” o que tengan un coste muy bajo, o que al día de hoy sean rentables, pero ¿es necesario desperdiciar agua? ¿Por qué no utilizar energías alternativas? ¡Esos gases que se escapan!

2.4. El control de la calidad medioambiental.

     Auditar y cuantificar son acciones excelentes para hacernos una idea de la situación a controlar:

     Lo necesario

     Lo que se gasta

     Lo que vale

     Lo que se paga

     Lo que se ahorra

     Los números son tozudos y tienen un gran poder de persuasión.

     Por otra parte, la oferta de bienes y servicios medioambientales tiene buenas perspectivas de crecimiento y generación de empleo, a nivel de formación, información, consultoría, auditorías, ingeniería, implantación de sistemas de gestión, y en las propias Administraciones públicas se necesitan expertos en la materia.

2.5. Los mercados con futuro.

     En definitiva, las empresas se enfrentan a un doble reto ante el futuro: por una parte, incorporar las variables medioambientales en su estrategia de la empresa, y por otra, posicionarse competitivamente en un mercado con futuro. Las siguientes ideas pueden ayudar:

     1. El concepto de rentabilidad sostenida sólo tiene sentido en el marco de una adecuada protección ambiental.

     2. El liderazgo activo de la dirección de la empresa deberá impulsar la integración del medioambiente en la estrategia empresarial.

     3. Eliminar las barreras: no vale decir, “este no es nuestro trabajo” o “es demasiado caro”.

     4. Poner al frente de la gestión medioambiental a un profesional “excelente”

     5. Todos los miembros de la organización deben implicarse y responsabilizarse de las buenas prácticas medioambientales.

     6. Auditar y cuantificar los impactos medioambientales son el primer paso para emprender las acciones idóneas.

     7. Identificar las principales líneas estratégicas de actuación, potenciando las medidas preventivas.

     8. El medio ambiente debe ser un elemento presente en la configuración de todos los procesos de la organización.

     9. Facilitar información fidedigna. Comunicar tanto interna como externamente la situación y actuaciones medioambientales

     10. La protección medioambiental es síntoma de calidad para clientes, empleados, accionistas y sociedad en general, porque           implica sensibilidad y preocupación de la empresa por su entorno.

    A Desde un punto de vista ético, la filosofía en la que muchas empresas basan su gestión medioambiental da un paso más. No se puede engañar a las personas, y no sólo porque la empresa se juega su futuro, sino porque las personas, en general, no merecen que se juegue con su salud, ni con su futuro, ni con su bienestar. No hacer trampas, suelen notarse.

     Los ciudadanos sólo tenemos dos armas: elegir a nuestros gobernantes y gobernar nuestro comportamiento. A veces se nos puede colar un cierto pesimismo sobre todo cuando los dirigentes del principal emisor de gases con efectos nocivos hacen “sus” cuentas y rechazan la aplicación del protocolo de Kioto porque sus empresas no podrían “soportar” los costes que les supone, o cuando deciden averiguar si sus “cabezas” nucleares se han quedado “huecas”. Pero cualquier esfuerzo es importante y será bien venido.


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