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Introducción al concepto de Medio Ambiente.
1.1. La carrera por el Medio
Ambiente.
En el mundo occidental, desde la revolución industrial,
la actividad humana se ha centrado en el crecimiento económico
y en el aumento del nivel de vida. El "bienestar"
se ha asociado a la idea de alcanzar niveles cada vez
más elevados de producción, abastecimiento,
comunicaciones, transportes... "Cuanto más
se produce y se consume se está mejor". El
problema estriba en que cuanto más se produce más
recursos se necesitan y cuanto más se consume más
desperdicios se generan.
El hombre en particular y la sociedad en general tienen
su "ser" en el medio ambiente, un término
muy amplio que incluye la naturaleza, la fuerza y la actividad
de seres vivientes, incluido el propio hombre, y no vivientes
como los elementos químicos y la energía,
y la interacción y el equilibrio entre ellos y
que afecta a la existencia de todos.
La vida del hombre se ve afectada por su medio ambiente,
en la medida en la que su supervivencia y desarrollo dependen
de éste, y como las monedas, tiene dos caras: por
una parte el medio ambiente le suministra los recursos
y la energía para su sustento, el hábitat
en el que se desarrollan sus actividades y el vertedero
donde se depositan los residuos que genera; por otra,
la vida del hombre también está expuesta
a las agresiones de la naturaleza, que tienen manifestaciones
de diversa índole: enfermedades, privación
de recursos, inclemencias climáticas, plagas, inundaciones,
etc.
Como cualquier otra especie, el hombre tiene un derecho
inalienable de luchar por su supervivencia, de utilizar
los recursos naturales en su propio provecho. Las metas
primordiales de la actividad humana deben ser el "progreso",
la mejora del "nivel de vida" y la búsqueda
del "bienestar". Son metas legítimas
y merecen la pena.
De igual modo, está legitimado para desarrollar
la ciencia y la tecnología que le permitan alcanzar
dichas metas. De hecho, utilizando como instrumentos la
ciencia y la técnica, el hombre ha sido capaz de
vencer algunas enfermedades, ha puesto a punto ingenios
que realizan labores penosas o costosas para las personas,
que logran reducir el tiempo y los errores o que simplemente
les facilitan el trabajo, ha optimizado la generación
de algunos recursos, ha aliviado las consecuencias de
una climatología adversa, ha creado obras de arte,
etc. Sería un disparate ignorar que el mayor o
menor avance científico y tecnológico ha
condicionado, en muchos aspectos, el acceso de las comunidades
a una vida mejor.
Es cierto que la tecnología ha conseguido resolver
muchos problemas y muchas empresas han comenzado a gestionar
el conocimiento, se han embarcado en la “creación
de valor”, han puesto en marcha distintas iniciativas
para estructurar y medir sus activos intangibles que generan
o generarán valor en el futuro. Saben que, dentro
del mundo empresarial, existe una corriente de opinión
convencida de la necesidad de registrar los elementos
que no están recogidos en los estados contables.
Pero ¿cómo se puede gestionar el capital
intelectual sin haber barrido antes? ¡Haga de su
puesto de trabajo un lugar “seguro” para pensar!.
1.2. Ecología.
Los problemas no han sido inventados para atemorizar a
la gente. Están ahí: el adelgazamiento de
la capa de ozono, la deforestación, la desertización,
la destrucción de los bosques tropicales, la degradación
del aire, del agua y del suelo, la contaminación
acústica, nuclear y electromagnética. Las
perniciosas consecuencias son inevitables: lluvia ácida,
efecto invernadero y cambios climáticos, pérdida
de la biodiversidad y del equilibrio ecológico...
Y lo que es peor, finalmente se traducen en un daño
para la salud de los propios seres humanos: cáncer,
dolencias respiratorias, mutaciones genéticas,
problemas digestivos, estrés, etc.
Algunos opinan que la fuente más importante de
la contaminación es la pobreza mientras que la
riqueza defiende la limpieza, y apuestan sin reservas
por el crecimiento. Están convencidos de que el
desarrollo económico que permite los avances científico
y tecnológico impedirá que las amenazas,
en boca de grupos ecologistas más o menos radicales,
se hagan realidad. - Cuando el adelgazamiento de la capa
de ozono suponga una radiación solar realmente
peligrosa para las costas californianas, la capa de ozono
se arreglará -.
Sin embargo, con un poco de prudencia y bastante de humildad,
deberíamos preguntarnos hasta que punto tenemos
capacidad para encontrar el arreglo, y sobre todo cuanto
tiempo tendrá que transcurrir. La contaminación
tiene vocación viajera trasladándose en
el tiempo y en el espacio, a veces tan silenciosamente
que pasa inadvertida, y manifestándose dónde
y cuándo menos se la espera. El cáncer sigue
llevándose por delante a miles de personas, incluso
a aquellas que disponen de todos los medios materiales
a su alcance.
¿Cómo conciliar los intereses, aparentemente
contrapuestos, de una comunidad que instala una torre
de telecomunicaciones y una unidad familiar con hijos
hiperactivos?
La ecología, vocablo empleado por Ernest Haeckel
hace más de cien años, cuyo significado
etimológico es "el estudio de la casa",
y que empleamos para referirnos al estudio de las relaciones
entre los seres vivos y el medio en el que viven, no es
una idea nueva pero empieza a tener un peso específico
importante en nuestra sociedad.
En el panorama actual, las nuevas inquietudes de los clientes,
tanto internos como externos, se identifican cada vez
más con la protección al entorno. Aunque
el interés público se centra en asuntos
de tremenda trascendencia social como el terrorismo, el
paro, la educación, la vivienda, los impuestos,
la crispación política, la estabilidad monetaria,
etc., la sociedad está cada vez más preocupada
por el mundo que vamos a dejar a nuestros hijos.
Desde hace algunos años resulta común asociar,
al menos parcialmente, "calidad de vida" con
el disfrute de un medio ambiente lo más integro
y lo menos contaminado posible. Agua clara, aire limpio,
silencio, paisajes, ... son valores de singular relieve
en el concepto actual de desarrollo de las sociedades
humanas y son tenidos cada vez más en cuenta a
la hora de planificar o ejecutar cualquier actividad económica.
El medio ambiente debe ser protegido, y es tarea de todos:
de las administraciones, de los mercados, de las empresas
y del público en general. Como dijo Margaret Thatcher
en el discurso que pronunció en 1988 "La Tierra
no puede ser el feudo de ninguna generación. Lo
único que tenemos es un arrendamiento de por vida,
con la obligación de mantenerla en perfectas condiciones".
Estamos en el momento de modificar los objetivos en la
toma de decisiones, de ponderar de modo más ecológico
las restricciones y las alternativas, de asumir, definitivamente,
que los intereses a corto plazo tienen que coexistir con
la necesidad impostergable de un crecimiento sostenido
en el tiempo. Ninguna de estas cuestiones es fácil
de abordar.
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